Biblioteca
Voces libres de mi vida

Los poemas libres surgen porque la vida es libre, como
un acto de rebeldía contra la rigidez del lenguaje y las restricciones
de la vida cotidiana.
Encontrarán ecos de experiencias personales y observaciones
del entorno, reflejos de una realidad que a veces se viste
de sueños y otras veces de cruda verdad. He intentado capturar
la esencia de la libertad en sus múltiples facetas, viéndome
como persona, hermana, esposa, madre,etc.
La voz de mi alma en una expresión sincera de sentimientos,
pensamientos y visiones que trascienden el tiempo
y el espacio.
Espero que encuentren un refugio para sus propias
emociones, una chispa de inspiración o simplemente un momento
de contemplación. Que cada poema resuene con sus
propias vivencias y les invite a explorar la libertad en todas
sus dimensiones.
Pertenezco
Estoy despertando en esta fresca mañana
el primer rayito asoma en absoluta oscuridad
aún es escasa la luz que entra por la ventana.
Escucho los lejanos murmullos del gentío
empezando las rondas del mate,
vino y ginebra para amortiguar el frío.
Me hace estremecer de nostalgia
el momento de alabanza en mi familia
somos hombres de fe
y a Dios le pedimos salud, comunión,
y la bendición de las tareas.
Como parte de un estilo de vida aprendido
me pongo a rezar para calmar mi sed de tormentos
no sé cómo me amoldo, lo hago a mi medida.
Yo nací para amar y respetar
voy a poner mi alma en paz
porque los míos son mi orgullo y a ellos, me debo.
Hoy es día de yerra
y como se repite cada invierno
quisiera evitar esta cruel actividad campera
que me provoca el más angustioso sentimiento.
Los procesos traumáticos para los jóvenes bovinos
como la marcación a fuego, y además la castración
el descorne de las incipientes y débiles protuberancias
para los que no llegarán a la etapa de la adultez.
Se aprovecha para desparasitarlos
y le dan la vacunación asegurando salubridad
y bienestar al nuevo plantel.
Voy a ser valiente para decirme que soy capaz.
Me revisto de desamor para armarme de coraje
las sombras de un gaucho audaz y atrevido, lamentablemente,
si están escondidas no se notan y pasan desapercibidas.
Alzo el ala del sombrero con un gesto decisivo
cuarteando mis debilidades y ternuras
voy al encuentro de mi caballo.
Le digo que tras ensillarlo le colocaré la montura
como pidiéndole permiso mientras me mira
ajusto la cincha en la zona de la barriga
y con cuidado de no dañar su pelaje
pacientemente emparejo los estribos.
Pongo lo mejor de mí mostrando valentía
tomo en mis manos, con firmeza las riendas,
y salgo galopando por la llanura pampeana.
Su belleza me ilumina, a los pocos trancos de andar
la naturaleza me envuelve llena de sutil misterio.
Con el canto de las aves como orquestando mi paso
me distraigo en los surcos arados del camino.
Mientras voy pensando en la industria vacuna
si la carne es tierna, a mejor precio se puede vender.
Muchos machos son capados a poco tiempo de nacer
concluyendo sus vidas en los mercados pues
a la población argentina le gustan los asados.
Entre la arboleda, a lo lejos diviso la silueta del molino
y escucho que suenan como el más tierno concierto
las voces del solitario ganado mugiendo.
Los pocos que se desarrollarán como toros
permanecen liberados en el lote grande.
Los terneros amanecieron en el corral encerrados
hoy se convertirán en novillos
ellos ni imaginan lo que pronto van a estar viviendo.
Yo hago oídos sordos aquietando mis emociones
me esfuerzo por alcanzar la frialdad
y el atropello para asemejarme al resto de la paisanada.
Con euforia, allí están todos alistándose para las pialadas
queriendo transformar un día de trabajo duro
en una jornada de esparcimiento animada.
Con el afán de mostrar sus destrezas y habilidades
no los arrean mansamente al brete de madera.
Prefieren atraparlos uno a uno, en movimiento
con largas sogas de cuero trenzadas.
No todos son mansos, en la hacienda amontonada.
Algunos en pos de defenderse
salen a toda velocidad lanzando aire rabioso por el hocico
y obligan a los campesinos a correr y saltar la tranquera
demostrando así que se hace esquivo de sus intenciones.
Estos hombres ya no usan boleadoras para maniatarlo.
Revolean el lazo con precisión, y tras embocarlo
el nudo se cierra en el animal, terminando su ajuste.
Por el impulso de la corrida, aunque tironea
da media vuelta en el aire y cae aturdido.
Con fuerza y rapidez, actúan entre tres
el que lo sostiene no afloja,
el otro se tira arriba con el peso de todo su cuerpo
y el tercero ata sus patas delanteras
inmovilizándolas en forma despiadada.
Una vez más siento que se me hielan las venas
yo no quiero ser parte de esta escena.
Pero me digo y me trato de convencer
que soy gaucho por herencia y elección.
Veo a mi gente cuando miro a mi alrededor
todos bancándose la resistencia del ternero.
Acuerdan, casi al unísono hay que hacer el tajo rápido
y en el lugar justo aplican el filo del berijero
abren la incisión y sin titubear extraen los testículos.
Los van tirando de a uno en el tacho con agua limpia
para reservados hasta el final de la jornada.
Aplican curabicheras en el corte para que no se infecte
aunque con el frío es menos probable
que anden las moscas husmeando en la herida.
Yo reacciono ante la voz de mi padre
entonada de vigor, impulsándome a dar manija
a la fragua para avivar las llamas.
Es momento de marcar las iniciales del patrón
que quedarán impresas en el lomo del animal echado
con un largo hierro al “rojo vivo” extraído del fogón ardiente.
El chirrido sobre el cuero y el olor a pelo quemado, siento.
Una desaceleración brusca de las pulsaciones del ternero, percibo.
El humo se esparce en el aire como alertando al resto de la hacienda.
Veo a cientos de ejemplares en espera, son curtidos.
La tarde está cayendo, el suplicio está por terminar
ya he logrado dominar mi flojera, lo peor ya pasó.
Los guapos están listos para descornar
y los agotados animales poniendo la cabeza
están en fila uno a uno esperando solo la presión
que despega la pequeña cornadita.
Con cuidado y buen uso de las largas y pesadas pinzas,
ésto, no debería sangrar ni tampoco provocar dolor.
Por último, con el procedimiento de vacunación
se concluyen las técnicas de uso invasivo y maltrato.
Parece de corazón insensible la paisanada
son fornidos y apresuran con ánimo y energía
el paso lento, a campo abierto de la animalada
que está rumbeando con la libertad de llegar
hasta que el alambrado se lo permita.
Yo debería estar aclimatado a mis tierras,
mil veces estuve a la par de esos trabajos con osadía
cómo puede ser que no he salido bravío.
No me siento gaucho legítimo, aun así,
mi raíz no se disipa, por eso entiendo
que lo tradicional persiste y no se marchita.
Me entusiasma ver a mi gente alentando a los asadores
que aunque estén cansados y agobiados
no detienen su faena, cocinando hasta crujir
las criadillas o testículos, que una vez dorados
las saborean con pan casero, acompañando el asado.
Los cantores y payadores vuelven a sus casas guitarreando.
Y en el poniente, despiden al sol coloreando.
Te miras con amor
Instantes en que el mundo parecía detenerse.
La puesta del sol teñía el cielo de mil colores
mientras en mí crecía el amor de mis amores.
Yo lucía muy jovial y radiante.
Con esplendor adolescente y un brillo especial en mis ojos,
me preparaba expectante.
Estaba a punto de saber que mi vida daría un giro para siempre.
Un milagro florecía dentro de mí, como un regalo inesperado.
Emergían satisfacciones plenas en un sinfín de sensaciones desconocidas.
Una encrucijada se presentaba entre libros y sueños,
yo solo tenía diecisiete, y estudios por cursar.
Una fuerza interior me estaba despertando.
En un tapiz inesperado y desafiante
se entrelazaban hilos para tejer mi destino.
Desde niña como un tesoro te imaginaba.
En mi libretita de bolsillo, tapas duras y resorte
cada página con tu nombre, con esmero guardaba.
Mes a mes, descubría la maravilla de la maternidad
mi cuerpo se transformaba con gracia
tus movimientos eran como un baile delicado
y cada patadita que percibía me hacía enloquecer.
Cuando nadie me veía, concentraba toda mi atención
pretendiendo sentirte.
A solas te miraba con ternura
y dejaba fluir toda la pureza en lo íntimo de mi ser.
Te hubiera hablado y cantado
pero no sabía que podías escuchar mi voz.
Mis holgados vestidos con faldas amplias
disimulaban con esmero la asombrosa redondez.
Mi ombligo asomaba y se hacía más prominente
apuntaba ferviente, como si fuera a explotar
seguro y cálido, queriendo estallar.
El tiempo disipaba los miedos
y la incertidumbre guiando este nuevo paisaje.
Anhelaba tenerte y abrazarte de verdad
cuando me hiciste saber que ya era la hora.
Catorce giros de reloj pasaron lentos
y yo aliviaba mi situación prometiéndome una y otra vez
que tu llegada era un lazo que nadie rompería.
Te amé desde el comienzo
y le diste un propósito a mi propia existencia.
Las directivas de la época eran estrictas
la nursery estaba de moda,
y con atrevimiento nos alejaron.
sin conocerte siquiera.
Esperaba ansiosa el permiso para mirarnos
y sentirnos de veras,
imposible calmarme si no podía tenerte
y si alguien más te daba el biberón.
La realidad superó con angustiosos criterios todos mis sueños.
En un torrente de amor, de esperanza y gratitud
deseaba que mi leche fluyera para poder alimentarte.
Amamantar fue un caos con tantos consejos sin mesura
me hacían sentir que no podías conectar conmigo.
Desde ese inicio, las dificultades se sumaban
tras la participación abusiva de mi familia
que impedía nuestra privacidad.
Te convertiste en un personaje deseado
todos querían sostenerte, la demanda era imprudente.
No exigí respeto, y nuestra relación sufrió heridas
nos robaron momentos valiosos
me arrebataron tu primera cercanía.
En esa situación dañina, crecías sin verme como madre
mi corazón sufría, pero el tuyo además no entendía.
Perdona si permití que nuestra conexión no fuera exclusiva
las consecuencias fueron injustas e ingratas para ambos.
Así fue que cada vez me sentía más inútil y vacía.
En otros brazos buscabas apego
¿Quizás un eco de mi amor?
¿Acaso anhelabas encontrar refugio y seguridad?
¿Buscabas avivar en mí, el ímpetu que no ejercía?
Lamento no haberte dado pruebas suficientes
de mi más puro cariño
no fui el abrigo que necesitabas
y mi desdibujada personalidad fue mi mayor defecto.
Tus lágrimas siempre fueron las mías también
no comprendía el motivo de tus llantos
tus llamadas desesperadas
añorabas una madre con valor y confianza en sí misma
que sustentara su rol a pesar de tantos enredos.
Lo intentaste de mil maneras en cada gesto, en cada mirada,
querías que yo defendiera lo nuestro sin importar nada.
En mi mente creé la ilusión de vernos juntos
en vínculos de unión, donde tú y yo
formábamos un encastre insuperable
como piezas destinadas en un conjunto armonioso y eterno
donde ni el aire podía interponerse.
Preferíamos jugar con simples elementos de encastre
donde las partes eran irremplazables y en ensamble perfecto.
En tu niñez construimos un mundo
donde coordinar parecía un enigma sin fin.
Nos costaba mucho hallar un lenguaje común.
Anhelaba guiar tu vuelo sin cortar tus alas
buscaba equilibrio entre desacuerdos de comunicación
e intentaba cubrir tus necesidades.
Las corrientes opuestas entre tus progenitores
dificultaron el trayecto, restándoles mérito.
Estaba entre la espada y la pared, en un dilema constante
balanceando la libertad sin límites y la crianza con alcance.
Con mis debilidades marqué bifurcaciones en tus aprendizajes.
Mis errores han dejado huella que ahora busco restaurar.
Creciste con metas claras resaltando tu pasión
por aprender los sistemas de computación.
Vi un potencial ilimitado
y en cada paso tus sueños alenté con fervor.
El doble discurso y mensajes ambiguos entrecruzados
con tantas expectativas a tu alrededor
formaron en ti un joven disperso buscando su propio valor
confundido en un laberinto de elecciones, sin conocer el fin.
Aun así, en la complejidad de tu ser, una verdad resplandecía.
Esa luz que nunca perderías a través de los años
te ha convertido en un hombre capaz y fuerte en tu convicción.
Con cada paso que das, veo una luz
desafiando las sombras del pasado
has tejido con esfuerzo
un vigor de superación brillante y persistente.
En cada hilo, una historia de coraje,
una lección de amor y redención.
Emprendedor y empecinado en triunfar
con una voluntad de hierro
has ido reconstruyendo los fragmentos de aquel jóven desvalorizado.
Tu vida es un testimonio de que las heridas pueden sanar
y que de las grietas del dolor puede brotar fortaleza.
En tu mirada veo reflejado, no solo al niño que fuiste
sino al hombre que eres, orgulloso y lleno de promesas cumplidas.
Siento un profundo agradecimiento
por enseñarme que el amor es un eterno renacimiento
y por darme la oportunidad de ser amada.
Donde las lágrimas caen, allí germina una esperanza
en cada grieta del alma florece una nueva confianza.
Y en esta vida, llena de altibajos y aprendizajes
me siento bendecida por ser parte de tu valiente viaje.
Lucecita mía
La conciencia divina me indicó que era posible
pues tú ya eras un ser existente.
Poco a poco se fue desvaneciendo
lo que parecía increíble más allá de los diagnósticos.
Un matriculado doctor de ciudad me demostró lo impredecible.
No hay razón para alarmarse ni motivo de asombro
puedes encontrar nuevo entusiasmo para alcanzar tus deseos.
Princesa mía, un caluroso día de enero, a media tarde,
te estreché entre mis brazos
como si naciera la más tierna melodía.
Dichosos los ojos que te miraron un segundo
y te vieron para siempre tan hermosa.
Sentí que mi vida rebosaba de alegría
y sin lugar a dudas entendí la verdad aquel día.
Solté mis lágrimas y desaté el llanto ante tanta pureza
esperaba que me calmara semejante belleza.
Como caricias al alma,
hoy seguimos cautivadas por la magia de aquel recuerdo latente.
Desde temprana edad tu elección fue clara:
descartar el chupete
y preferir tu manito como único sabor de consuelo.
Defendí mi opinión, mi pensar y mi sentir.
Discutí los condicionamientos sociales
con la intención de protegerte.
No lastimaría tus orejitas con aros de perlas
que prometen un brillo fugaz.
Yo en ti veía la luz por naturaleza.
Pero mis empeños fueron en vano
y te trajeron de regreso con pendientes en cada lado.
Espesas lágrimas de impotencia surcaban mis mejillas
me mirabas con ojitos llorosos
¡Yo te oía, y a mí me dolía!
Duérmete mi niña, duérmete mi sol
duérmete chiquita de mi corazón
que mamita mira con todo su amor
que tus ojitos cierras buscando su calor.
Juega con los angelitos en lugares de ensueños
y te traerán mañana un despertar risueño.
Alegría por doquier
siempre lista para salir con tu sonrisa encantadora
en sutil llamado. Tu perseverancia es estratégica
en tu forma de persuadir.
Cada día, a la misma hora
minutos antes de almorzar sin importar cómo
ni con qué fin, me invitabas a dejarlo todo
y era un hecho que lo ibas a lograr.
En una conversación sin palabras
me enseñaste a valorar esos breves momentos tan preciados.
Sabías que necesitaba descansar
como si percibieras mi pesada carga.
Te llevaba en brazos, rapidito
porque las manecillas del reloj indicaban
que debíamos apurarnos; nos urgía el deber.
El mundo era nuestro en ese instante robado
guiándome hacia la calma, el ajetreo quedó de lado.
Diferentes facetas con igual intensidad
disfrutabas la lluvia embarrada hasta los puños
y corrías entre los árboles con total libertad.
¡Trepada a la higuera, jugando a la casita con tus muñecas
y el bolso amarillo lleno de ropita!
Un tenor inigualable bajo la sombra de los olmos
luciendo como las “Chiquititas”.
Juntas, con un espejo en la mano
te hacía peinados cubriendo toda la cabeza con coloridas colitas.
Pasábamos largos ratos de entretenimiento
con los rompecabezas de madera en cubos
también con los dominós y los encastres.
Con igual fervor, tu amor por el teatro
tu devoción en cada escena,
un espectáculo donde florece tu pasión.
Tu entusiasmo por ser integrante de la banda
resplandecía como magia que engrandece
mi satisfacción al verte con el clarinete, crece.
Tu dedicación por mantenerlo limpio y cuidado
con cada melodía queda demostrado.
Oportunidades que se abrían en tu vida
como aprender el idioma portugués,
aspirar nuevos amaneceres en los viajes, era tu interés.
Las pijamadas con amigas eran un furor, de tantas risas
se desvelaban hasta el amanecer
yo escuchaba intrigaba la Pía Mar y la Sol, sin entender.
Gracias hija por explicarme que se nombraban con seudónimos.
Agradezco tu paciencia, sé que te esmerabas
por ver tu dormitorio en mejor condición.
Intentando mantener el orden y cada cosa en su lugar
para hallarlas con mayor facilidad
no era capricho, sino necesidad.
En cada paso de la vida te uniste a mi lado
en apoyo incondicional, un regalo valorado.
Tu decisión por cambiarte de escuela
cuando me viste en un duro trance
te sumaste con naturalidad a mi angustioso malestar.
Tu forma de ser, siempre dispuesta a modificar tu rutina
y adaptarte a nuevas circunstancias, con admirable disciplina.
Noche de gala, fiesta de quince, un sueño hecho realidad
resplandeciente de inmensurable espontaneidad.
Complicidad en la organización
cuidaba tus deseos como un secreto reservado.
Todo el mar con peces, pulpos y estrellas en sus detalles
predominaban los azules y celestes, en amplios tules elementales.
En una velada especial, todo era esplendor y encanto.
Largas tardes de domingo que quisiste estar conmigo
postergando tus propios anhelos para facilitar mi tarea
en un desempeño que a veces embarga
lleno de impotencia y de retos que empaña.
Compartiendo tu viaje a Bariloche en un egreso soñado
evoqué el mío con suspiros que fluyen anclados.
Mi ser floreció como una adolescente
y desde el primer instante tu felicidad se hizo evidente.
El desliz desde la cima nevada como bolas sin prisa
y sin aliento en una maravillosa bajada libres caídas al viento.
En la noche de disfraces no me sentía mayor
sino parte de tu mundo, de luz y fulgor.
Procura no darle poder a nadie
para que decida sobre tu bienestar
porque tú eres fuerte, con coraje y entereza suficiente
y si te mantienes alerta para descubrir quién miente
tu prosperidad y porvenir te colmarán de dicha y felicidad.
Tus primeras vivencias en la gran ciudad
crear, imaginar, y un mundo a explorar.
Enormes espacios verdes
para contemplar el sol tibio de invierno.
Nuevas emociones entre edificios
y anchas calles de tránsito fluido
bocinas impacientes que se oían
desde la altura de tu departamento.
Los ascensores que tanto te animaban
por elevarte y ver el mundo con altura.
Jovencita llena de ideales y metas por alcanzar
aspiraciones y perspectivas que confirmaban
un futuro por crear
como si el más allá tomara alas en un vuelo sin parar.
Terminar tu carrera y publicidad enlazar
integrando diseño con publicaciones
era cuestión de simples conexiones.
Cada paso que dabas cobraba vida entre tus manos
demostrabas tu talento y tu magia brillaba con esplendor.
Cuando todo era desconocido
y cuando la incertidumbre te acosaba
estuve para ti en días y noches frías brindándote apoyo sincero.
Especialmente amada
cuando en tus brazos me tomaste
y la noticia de tu maternidad celebraste.
Mi respiro profundo en sensaciones sin dimensión
el primer nieto, un bebé a punto de admiración
destinado a vivir, y en nuestras vidas, crecer.
Si alguna crisis te perturba con tristeza o inseguridad.
No dudes en pensar que habrá una nueva oportunidad.
Abre la ventana cada mañana, al despertar
y permite que la calidez y la brisa te acaricien
porque la luz te fortalece llenando de amor el corazón.
Resiste y mantente fiel a tu esencia de alma noble
que no hay suspiros tan abrasivos y dañinos
como para que perduren demasiado
quitándote el cariño. Desde lo alto
la vista panorámica otras perspectivas extiende todo es vibrante,
ofrecido a tus pies cuando el corazón se enciende.
¡Tú puedes!
Hijo amado y cuidado tiernamente
un refugio seguro en mi vientre
movimientos tiernos en perfecto silencio.
Mi promesa era hacerte fuerte, mi esperanza
unirnos en abrazos soñados.
Mi regalo es tu existencia y mi más grande recompensa.
En aquel patio bajo el cielo azul y claro
te aferrabas a mi camisa como una fiera
mientras mis piernas abrían paso al puente
y con encanto arrastrabas tu cuerpecito delgado
gateando con la esperanza de cruzar al otro lado.
Levantabas tus ojitos para asegurarte que yo te devolviera una sonrisa.
En un juego sin reglas, nada estaba impuesto
como de costumbre y sin apuro.
Horas, minutos y segundos
el tiempo era todo nuestro.
En las graciosas mañanas, cerca del mediodía
caminábamos entre los árboles de la vereda
y probábamos moras negras y blancas.
Tus palabras endulzaban mis oídos con
un especial sabor a bocas teñidas.
Años dorados pasaron como un susurro furtivo
el valioso tiempo se esfumó, y en ese descuido
un eco de lo que pudo ser.
Difícil de descifrar y entender
en inocente deseo tú solo querías reír.
Distinta realidad la mía, empeñada en ajustar
mis propias amarras sin poder unirme a tu mundo de fantasía.
Ilusionabas veladas de alegrías con carcajadas
y encanto se escurrían entre mis dedos sin poder embellecerlas.
Episodios saludables que nos unía en juegos y cuentos
instantes efímeros que al pasar se desvanecían
dejando huecos sin llenar, espacios vacíos.
El dominó de animales, entretenimiento por excelencia
aunque los bloques de encastre menos codiciados no quedaban a un lado.
Cada rincón de aventuras en compañía de tu hermana
únicas sensaciones por descubrir en la naturaleza
trepados entre las ramas de la higuera.
Escribir inventando ficciones era un placer.
El fútbol era una escena de héroes en acción más que un deporte.
Jugadores como Chilavert, el protagonista del reporte
era un trato que vivía en Chile, según tu parecer.
Tu mayor pasión, Boca Juniors y su equipo
festejando goles a puro grito, jovencito
golpeabas todo con temperamento
si las paredes hablaran sabrías que no miento.
Cada victoria aceleraba el ritmo de tu corazón
y defendías las derrotas con ardor en la garganta.
Siempre dispuesto con algarabía y desbordante encanto.
Tu ser emanaba luces, incluso si en el cielo
brillaba una estrella cada tanto.
Tu vitalidad resplandecía como un faro difícil de opacar.
Viento, lluvia o calor, a tu espíritu vibrante, nada te detenía.
Irradiabas risas y carcajadas, y tu alegría florecía.
Te soy franca, propiciabas con claridad
y sobras, una dicha segura.
Era tu manera fascinante de vivir
libre como un pájaro imposible de encerrar.
A tu lado estuve en compromiso firme
convencida de que la educación era la única opción valedera
y que la formación garantizaba tu futuro.
Buscaba engrandecerte y mi intención
era darte lo mejor en cada intento.
Yo, incapaz de seguirte.
Y tú, pretendiendo cambiarme el rol.
Me quedé corta de comprensión
y no supe propiciar un mejor entendimiento.
Mis consejos se desvanecían ante las disputas del rey.
Las limitaciones se alzaron como muros frente a mí.
Entre padres, alineamos nuestras visiones en direcciones opuestas
dejándote una huella de confusión por la falta de acuerdos.
El valor de la perseverancia se aprende con disciplina
más a ti te cautivaba la sencillez y el camino fácil.
Ahora veo que el universo es vasto y divino
no contemplé que cada uno tiene su propio destino.
Adolescente embebido en un laberinto lleno de emociones
luchabas por descifrar tus propias convicciones
explorando un mundo de tentaciones y meras distracciones.
Te embelesó la malamiga,
acariciándote con su engañoso poder.
¡Complejos desafíos frente a experiencias desconocidas
defendiendo con tenacidad lo superfluo e irreal!
Cada amanecer buscabas deshacerte de las cadenas
con determinación y voluntad. En medio de los disturbios
lograste disipar la bruma con calidez
y diste un paso valiente y audaz.
Reflejaste paz y nuevas amistades surgieron
siendo buen amigo, y de corazón sensible.
El amor trasciende tempestades devolviendo la cordura.
Gracias por compartir travesías juntos
en un lazo que persiste sincero.
Tu actitud es un regalo atento y servicial
que yo he visto en cada gesto tuyo.
Me complace tu amabilidad y delicado trato
atento a mis necesidades en tu manera de quererme.
Me apoyas cuando la incertidumbre se apodera de mí
y alegas que siempre estaremos unidos.
Perfumas el ambiente de ternura
cuando suele cubrirnos esa vil paciencia amarga.
Rodeas mi espalda con tus fornidos brazos
y declaras cuánto me amas. Yo, te siento cerca.
¡Eres mi portento!
Siempre quisiera verte contento
y me desvelo por saberte bien.
En tu perdón encontré mi más dulce aliento.
Transitas tu adultez con coraje y sin miedos.
No pierdas los sueños, sigue creyendo en ti.
Recuerda que en cada paso que des
no estás solo, en ti reside la grandeza
y en tus manos las riendas de tu vida.
Hoy mirando hacia atrás, entiendo que esas pruebas ingratas
fueron escalones en tu vida, no simple arrebatos.
Con voz inspiradora te alzas fuerte
inquebrantable y dispuesto a renacer.
Eres la prueba de que en la adversidad hallas la fuerza.
No existe ya para ti, aquella mujer
No existe ya para ti aquella mujer,
que tanto te quiso y tanto te lo dijo.
Por mil eternidades mi cuerpo se hizo tuyo, entre tus brazos.
Caminando sigilosos por algún escondite secreto
me has hecho sentir que en ti, todo valía.
Mi corazón galopaba cuando palpitabas en mi pecho
recordándome que no podía, ni olvidarte quería.
Nuestros cuerpos mezclaban piel morena con palidez.
Mi pelo dorado como el sol se confundía y brillaba
como titilaban mis ojos al mirarte.
¡Justo vengo a enamorarme de tus lindos ojitos negros!
Era un pimpollo demasiado joven, y fui perdiendo la cabeza.
Esos mágicos momentos pasaron sin saber que serían irrepetibles.
Tan real se sentía esa vida de ensueños que parecía una sensación valedera.
Desde el día que te vi, fuiste como una espina
que cuando jalaba para sacarla, sentía que mi alma desgarraba.
Olvidaste que te llenaba de besos hasta el amanecer
y te cubría de aromas y perfumes sin que tú me lo pidieras.
Jamás te dejé sin compañía, las tardes de lluvia te besaba en la frente.
Nunca, por mí, quedaste con el alma vacía.
Te quise como nadie te ha querido.
Te rodeaba el cuello cuando caían tempestades sin sentido.
Dejé todo para quererte
hoy son solo recuerdos del ayer.
Yo no era como cualquiera, el dolor
y el silencio me castigaban diferente.
Me veía incompleta y me parecía insoportable sobrevivir
tensaba los hilos y los estiraba con todas mis fuerzas
temiendo que mi respiración pudiera cortarse.
Me aferraba a la necesidad, y elegía no escucharme.
El tiempo se escurría con rapidez
y esperaba cada vez más que todo me lo des.
Deseaba con súplicas que llenaras de paz ese ansioso corazón
habiendo confundido, amor con protección.
Que todo iba a estallar en cualquier momento, yo presentía.
Dejaba ya de dar vueltas, todos los hechos me acercaban al fin.
¿Recordás esos días, cuando a veces yo callaba, y otras, sonreía?
Todo quedó atrás, lejos en el tiempo.
Ya no ocultaré mi tristeza sonriente, como una vil mentira doliente.
Ni en la oscuridad, con mi sonrisa triste, volveré a andar.
Dejé de soñar, nada más va a pasar.
Sin más toque de pieles en físicos sudorosos
que dejaban un corazón roto, aunque se viera algo amoroso.
¡Qué distinta la vida sin ti!
El crudo invierno penetraba mi piel
calándome hasta los huesos. No lo puedo describir,
mi cabeza apoyaba en la almohada hacia la derecha
como siempre la dejaba caer sobre tu hombro
¡Pero ya no la sostenías!
En la inmensidad de la cama mis gélidas piernas
y mis pies escarchados se movían estirando la punta lentamente
resbalando bajo las sábanas.
Sin el peso de tu mano cálida acariciando mis mejillas
era imposible dormirme, buscando lo que no existía.
Cuando quería sonreírte, tu bosquejo se esfumaba de repente.
Te veía en los rincones
más tu figura se borraba de las paredes.
¡Parecía un engaño a mi ternura!
Pronunciaba tu nombre por las noches
cuando abría los ojos la cruda realidad me arrojaba a la nada misma.
Se agigantaba más y más ese abismo que me llevaba al hastío.
¡Ha sido tan fuerte lo que sentí!
El miedo como una fiera se apoderó de mí.
¡Resiste!
La duda y el descontrol quisieron manejarme.
¡Resiste!
Prefiero adaptarme a esta soledad, antes de seguir mintiendo.
El tiempo parecía detenerse encendiendo de vuelta,
mucha indignación, desesperanza y rabia suelta.
¿Dónde estaba yo cuando pasó lo que pasó, debajo de mis narices?
Llorando me miré al espejo avergonzada
sentía fluir el fuego que me quemaba las venas por dentro
como ríos que surcaban todo mi cuerpo ardiente.
Me hablé duro, sin compasión, con palabras hirientes
¡Tan desamparada me vi! como quien pierde la carrera
más importante de su vida.
El cielo lucía cada vez más gris y la tempestad se acercaba sin dar tregua.
¡Caía en la tentación!
Me hice adicta al apego, tenerte una, otra vez,
y dos veces más
ya estaba todo fuera de control, por demás.
Sin saber cuán profunda se hacía la grieta
que atravesaba ese beso del caníbal
que aspiró hasta mis últimas energías.
Mi alma se desmoronaba sin piedad
como una llaga que no cerraba.
Ya sin retorno perdí toda la serenidad
y la verdad acechaba como la cruel sombría.
Cuando levanté la mirada al cielo y pude ver el hilo conductor
se abrió una nueva luz que me llevaba al Salvador.
Aprendí a vivir recuperando los sueños que te llevaste ese día
al cruzar el umbral de mi puerta.
Renové la habitación con una nueva brisa
escapando de los lamentos.
Se esfumaron los besos alocados que me habías dado.
¡Ya era momento!
¡Agradezco que no me amaras como yo quería!
Las cosas son perfectas como son,
si de esa forma me hubieses amado yo nunca me hubiera encontrado
y hoy no sería quien soy.
Hombre de mi vida, tu misión no era sanar mis viejas heridas.
Yo era una niña reclamando importancia y exigiendo atención.
Perdón por no haber sospechado con mi errónea forma de amar
que eras un ser desdichado.
¡Sólo amarme era lo que me debías!
Aún así tampoco lo has logrado.
Por fin se desata mi garganta para bendecir.
Mis hijos le dieron sentido a mi vida
y nos recuperamos juntos como familia
el viejo lema: paciencia, espera y confía.
Nadie más en el espejo
solo yo me pude reconocer luciendo como una moza donosa.
Cayó la vieja armadura que escondía mis pesares
mostrando mi verdadero ser en aquel reflejo.
Brotan augurios de mi corazón sano y feliz
recupero la calma y canto para darme valor
por si hubiera quedado alguna aspereza.
¡Suenen tambores suenen campanas!
Soy libre como los pájaros al viento
atravesando largos vuelos sin fronteras.
Tú y yo, mi niña estamos juntas.
¡Te veo y ahora me veo!
Mi dulce y pequeña chiquita,
me di cuenta que siempre habías estado allí para mí.
Me devuelvo la mirada, por primera vez,
con gestos de amorosidad, y generosa simpatía.
Me perdono por el amor que no me dí
con amablilidad y compasión.
En la medida que pueda amarme con todo mi ser, en alguien más,
de igual manera, lo podré reflejar.
La vida sigue, nos espera un nuevo enigma cada despertar.
¡Intentémoslo todo!
Ojitos chispeantes
Sentimientos unidos, trenzados por años de ternura familiar.
Refugios en vacaciones de infancia,
turnándonos en cada hogar.
El cielo pintó de colores el arco iris desde que éramos pequeños
completando el viaje de mi vida del que siempre fuiste parte
juntos y sin desunir, por ser primos, solo ese fue el empeño.
Ciclos que se sucedieron entre desafíos y lecciones
nos mostró distintos caminos, dando fin al mundo de juegos.
En cada curva, el libre albedrío forjó con capricho nuevos destinos.
Brillo impecable, destello tenaz que nos mantuvo fiel
a la unión inicial resplandeciendo con fuerza
las raíces profundas que el corazón abraza.
En cada momento, inquebrantable vínculo sutil, a la distancia,
persistente lazo invisible que burla el tiempo más allá de las instancias.
Inspirábamos un puente de luz en el más oscuro sendero
como un faro oculto a la vista, que jamás permitirá el desvelo.
Muchos fueron los desafíos que a cada uno le tocó superar
ahí estaba yo, tocando fondo en la oscuridad,
cuando los duros traspiés me tiraron abajo,
en ese abismo tu rostro era mi claridad.
En cada despedida me marcó tu huella,
difícil de ignorar, confiaba en ti, mi baluarte contra el fracaso.
Mi esperanza, mi sostén, solo pendía de tus manos
con tu presencia, cada temor se deshacía en pedazos.
Apenas podía detener mi vista, en tus ojos trayéndome luz.
Perseverancia infinita por cumplir tu compromiso
tras hacerme prometer que te esperaría al otro día.
Tu esfuerzo por verme seguir sin dejarme caer de brazos
la insistente lucha nos unía más allá de la melancolía.
Tu familia te esperaba, y yo renovada esperaba por ti
mi pulso estaba alerta, enfocado en ese reloj que todo lo valía.
Como estrellas titilantes eternamente conectadas
nuestras almas se hablaban en silencios, en miradas
y cada anochecer en mis sueños te encontraba.
Historias de universo sin lamentos
ni penumbras transformando viejas heridas
en mentes calmas, serenidad infinita.
Hay en tu corazón dulzura que nunca se agita
y disipas las tinieblas como una luz bendita.
¿Has visto esa prima, cuán semejante valor, le daba a tu visita?
Después de tantas vueltas como calesita, donde todo gira en redondo,
lo que nunca se fue, llega de pronto
para explorar la idea de una conexión profunda
que trasciende lejanías como un fenómeno inexplicable.
Tus éxitos, mis alegrías;
tus consejos, mis caídas,
compartidos en el reencuentro de aquella noche extendida
como hilos tejiendo emociones descubiertas en la madurez de la vida.
En un momento de necesidad uno del otro, es de coraje
atreverse a expresarlo, ese sentimiento, antes mudo,
que nos costó ponerle un nombre, pues, ahora sabemos que se llama amor.
Un vínculo que sobrepasó todo tabú y dolor
más fuerte que el tiempo, más brillante que el sol.
Así, con valentía, lo nombramos al fin
amor de primos, único y sin fin,
¿Con quién más, da para charlar?
Unidos, no solo por sangre, sino por afinidad.
Los eternos temas se sumaban en pretexto para estirar aquel ratito,
que se alargaba sin establecer finito
donde nuestros seres hallaban conexión en cada palabra,
un mundo de intenciones, en cada silencio, una sinfonía emotiva.
El anclaje que nos unió al comienzo del universo en expansión
dio un gran estallido de protones y neutrones
que hizo que los cuantos se asomen
en una atracción más allá de razones.
Eternamente conectados como un imán
que los opuestos une.
Podría abordar la intensidad de las sensaciones
en un estampido que resuelve dificultades
disipa la confusión, en este cosmos de afectos
y sin ninguna razón, hace a la gente feliz sin más explicación.
Sabemos que no existe la casualidad
con cada frase positiva que brota un perfecto plan divino denota.
El sonido de mis pasos
Pienso…
mi mirada apacible contempla todo
tal vez las estrellas titilan detrás de la vasta negrura
hoy no las veo, pero supongo que habitan el cielo igual que ayer.
No necesito intérpretes para describir esta realidad
mis anteojos permiten que las imagine de muchos colores.
Los destellos que expanden las gotas a través del prisma de mis cristales
impregnan de magia la noche sumida en tinieblas.
El sonido de mis pasos resonando en el puente impacta en mí,
las luces del metal me atraviesan con su brillo creando sombras danzantes.
Me siento atrapada en una inigualable sensación de conexión con el entorno
la misteriosa llovizna envuelve una atmósfera de calma,
y el olor a tierra mojada se mezcla con el aroma metálico del pasadizo.
Mi figura empapada
se desliza en las penumbras despejando la neblina.
Mis pisadas como ecos en la profundidad
son un desafío en las veredas resbaladizas las calles desoladas, me esperan sigilosas,
mientras avanzo tranquila, relajada y sin prisa.
Una brisa tenue da movimiento a mi rubia cabellera
liberando una sucesión interminable de gotas
que surcan lentamente mis mejillas
como pidiendo permiso para acariciarlas.
Mi nariz enrojecida tiene el protagonismo
por ser la sobresaliente en mi frío rostro.
Mis labios no se percatan de ninguna anormalidad
cantando con soltura voz, acordes naturales
en esta especial caminata.
Mi sonrisa en perfecta complitud de belleza
y musicalidad es como un faro
que llama la atención de la gente
que se detiene para confirmar que lo que ven, es cierto y armonioso.
Vas de subida
Vas de subida
y en cada peldaño que das
recobras energías que parecían detenidas.
Vas de subida
con tu paso firme
sin mirar abajo y con la cabeza erguida.
Vas de subida
llevando una mochila cargada de sabiduría
y lecciones aprendidas.
Vas de subida
con alegría por todo lo que recibes
como consecuencia de lo sembrado en una cosecha merecida.
Vas de subida
y te dan ganas de felicitarte
reconociendo que sumas un trofeo con cada nueva partida.
Vas de subida
ya sabías que era para tu bien y alegría
lo deseabas, pero no imaginabas cómo ni cuándo sucedería.
Vas de subida
y por momento tiemblan tus pies.
Asimismo, y con la frente en alto continúa tu movimiento.
Vas de subida
confiada, aún no ves el final del trayecto,
pero tienes seguridad que te esperan luces encendidas.
Vas de subida
y no creas que esta vez fue diferente jamás titubees
que descender uno, no es opción, mi niña querida.
Vas de subida
Valiente por elegir sanar el apego emocional
desaprender y romper patrones es sano
y estás convencida, al final.
Vas de subida
mirando el más allá
te ves desde lejos como si fueras
otra vez tu corazón rebosando puros sentimientos
y sabes que todo el amor que has dado es real y auténtico.
Has ganado la recompensa de tener la libertad bien comprendida.
Admite que ya es un hecho,
llega la verdad a tu vida y la felicidad en su máximo esplendor.