Verso

Símbolos en el aire

En el libro: "Llego en I, dos, 3"

Símbolos en el aire

Símbolos en el aire

El libre albedrío me dejó sedienta
de lo que fue un espejismo en el desierto.
A través de tu historia, aprendí la mía
y supe que solo estabas de paso.
Siento el cariño que aún perdura,
y será mi sustento en esta etapa de cordura.
Enhebro los recuerdos limpios y sinceros
donde no existió engaño ni traición.
Nada me garantizaba un desapego placentero.
Malinterpreté la letra chica de nuestro pacto:
“No lastimarnos, por hacerlo duradero”.

Si el sillón hablara,
me diría que no falta nada,
fue testigo de las manos entrelazadas
y de la última mirada.
Busqué el origen de mi dolor,
y en los rincones, vi una
chiquilla incapaz y pretenciosa.

Sacudí el moho de la inmadurez
y desaté los nudos de mi garganta.
Hora de crecer.
El reflejo me devolvió amor propio
y entendí que la amistad, y algo más,
eran difíciles de conjugar.
Hora de aprender.
Uno de los dos se movería primero.
Las piezas buscaban encastrar
para habitar.
Hora de sanar.
El reto moraba en lo inesperado
y dando media vuelta
cerré las huellas del pasado.
Hora de partir
la cuesta arriba era empinada,
mis pies temblaban.
Revisé la mochila de sabiduría,
una conversación malvenida
ahogó la alegría a punto de nacer.

Permiso,
silencio en defensa,
yo temía ser escuchada.
Mis oídos sujetaban la ilusión
balbuceando: —Deberías haberme conocido.
Ya no importa: —Sé quién soy y de lo que soy capaz.

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